¿Qué le pasa al cuerpo cuando hacemos ejercicio?

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¿Qué le pasa al cuerpo cuando hacemos ejercicio?

Cuando realizamos una actividad física se producen una serie de acontecimientos en el organismo. Entran en escena el sistema circulatorio central y periférico, el sistema respiratorio y metabólico y el sistema musculoesquelético y el funcionamiento correcto de todos ellos es esencial para un desempeño saludable.

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Las actividades físicas pueden subdividirse en diferentes clasificaciones.

*Existen las actividades anaeróbicas cuya práctica demanda una gran cantidad de oxígeno, pero que para producir un efecto saludable deben tener una corta duración.

*Las actividades aeróbicas que así como demandan un gran consumo de oxígeno tienen una mayor duración para lograr conseguir un entrenamiento adecuado.

*Los ejercicios isométricos basados en la tensión de los diversos grupos musculares sin caer en elongación o acortamiento de fibras.

*La ejercitación de tipo isotónica que tensa los músculos al tiempo que produce ciertos movimientos sin poseer una gran demanda de oxígeno.

Según el tipo de entrenamiento que uno desee obtener deberá recurrir a estos diferentes tipos de ejercitación.

Actividades aeróbicas y anaeróbicas

Cuando se realiza cualquier movimiento se inicia su práctica de un modo anaeróbico, es decir, sin consumir una cantidad particular o mayor de oxígeno, sin embargo este mecanismo es corto y por esta razón se agota rápidamente obligando al cuerpo a demandar el mecanismo metabólico aeróbico, más lento debido a su dependencia del ingreso de una mayor cuota de oxígeno a través de la respiración que debe trasladarse a la sangre y posteriormente a los glóbulos rojos para ingresar a las células e incorporarse a los tejidos. Este proceso de gran complejidad requiere de determinado período de tiempo para concretarse.

Por ejemplo cuando corremos repentinamente recién luego de un lapso de tiempo nuestro sistema respiratorio recibe la orden adecuada y a través de un reflejo aumenta su frecuencia y profundidad respiratoria. A raíz de esto el corazón comienza a latir más rápidamente produciéndose el pasaje de la etapa anaeróbica a la aeróbica (de no concretarse este pasaje la carrera se interrumpiría por ahogo).

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La previa: el precalentamiento Antes de cualquier actividad física es necesario realizar un buen precalentamiento para evitar lesiones. Al precalentar se facilita la aerobiosis de manera progresiva evitando dolores y la posible ruptura de fibras tendinosas por carecer, el cuerpo, de la temperatura adecuada y la elasticidad requerida. Si usted no cuenta con el tiempo necesario para precalentar puede realizar numerosas inspiraciones y exhalaciones profundas seguidas, de modo tal de saturar la sangre de oxígeno para tener en disponibilidad una gran cantidad de este gas esencial que será beneficioso hasta que se active el mecanismo aeróbico. Este proceso se debe a que la respiración forma parte de dos sistemas: uno reflejo y otro voluntario.

Durante la mayor parte del tiempo el mecanismo es reflejo, pero si prestamos atención a este proceso podemos hacernos de una cantidad de oxígeno extra que podremos utilizar en el momento necesario. De todos modos siempre es más aconsejable optar por el precalentamiento debido a que los tejidos se preparan de otro modo.

El pasaje

Cuando uno pasa de la anaerobiosis a la aerobiosis se realiza una demanda extra de energía, que al superarse y continuar con la práctica deportiva permite alcanzar una meseta en la que hay estabilidad entre el consumo de oxígeno y su asimilación. Cuando se alcanza este momento se siente la sensación de que se puede practicar actividad física a ese ritmo el día entero.

Este estado también se debe a la liberación de endorfinas, hormonas que se producen a partir de la práctica de actividad física.

Isométricos e isotónicos

Si en el parágrafo anterior explicamos el pasaje del estado anaeróbico al aeróbico y sus diferencias, en éste nos dedicaremos a otros dos tipos de ejercitación la isométrica y la isotónica.

La ejercitación isométrica es aquella en la que su ejecución se realiza sin generar modificaciones en el largo de los músculos que entran en juego, un ejemplo de este caso es el levantamiento de pesas. Estos ejercicios se utilizan en rehabilitación de pacientes o en la preparación de astronautas, pero no generan ningún tipo de trabajo extra del corazón.

Por otra parte los ejercicios isotónicos son los que producen acortamiento y elongación muscular, pero no demandan grandes cantidades de oxígeno, dentro de este tipo de ejercitación se encuadra la calistenia, gimnasia que anteriormente estuvo de moda, pero que no genera resistencia aeróbica.

La respiración

Luego de ver como son los distintos tipos de ejercitación describiremos el efecto entrenamiento.

Este efecto se produce como una respuesta fisiológica del cuerpo, es un modo de adaptación. En este efecto participan numerosos aparatos y sistemas del cuerpo entre los que se encuentra el muscular y el respiratorio.

A través del aparato respiratorio se procesa el aire que respiramos, del mismo se extrae el oxígeno y se elimina el anhídrido carbónico. El oxígeno es traspasado a la sangre y el anhídrido carbónico al exterior del cuerpo. El oxígeno se transporta a la sangre, más exactamente a la hemoglobina que lo lleva a cada célula. Este proceso se genera cada vez que respiramos, pero cuando se practica cualquier deporte el organismo sufre ciertas alteraciones y este proceso cambia debido a que ingresa mayor cantidad de oxígeno y varía el procesamiento.

En este paso ingresa en juego la capacidad respiratoria que es diferente en cada individuo. Lo que cambia es el volumen de aire que se puede incorporar con cada inhalación. Médicamente esto se conoce con el nombre de capacidad vital. La capacidad de respirar depende del tórax y del diafragma cuya función es agrandar la caja torácica para dejar al aire entrar. Esta musculatura, como cualquier otra del cuerpo, puede entrenarse mediante ejercicios aeróbicos para conseguir un mayor ingreso de aire.

Ciertos gases dañinos presentes en las grandes ciudades como aquellos que provienen del humo de los cigarrillos o de las fábricas pueden dañar los tejidos que recubren al corazón y los pulmones, produciendo lesiones que disminuyen el tejido útil y reduciendo la elasticidad que permite el fácil ingreso y egreso del aire. Con esto se quiere explicar que no es altamente compatible el hábito de fumar con la práctica deportiva, sin embargo siempre será más beneficiosos para un fumador o ex fumador realizar actividad física que no hacerla. Así como también el sedentarismo influye en el mal funcionamiento de los pulmones aumentando los tejidos no útiles.

Gracias a la actividad física es posible no sólo aumentar la capacidad aeróbica y respiratoria, sino que también es posible aumentar la fuerza y eficacia tanto pulmonar como del corazón.

De todos modos si usted tiene dudas sobre estos temas, es fumador o nunca practicó deportes, antes de hacerlo es altamente recomendable consultar a un médico.

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